En un plácido atardecer junto al Pacífico, un conocido escritor repasaba un manuscrito. Su atención fue distraída por el constante accionar de un joven, casi adolescente, que recogía del rompiente de las olas las estrellas de mar que quedaban varadas y las devolvía a su elemento. Intrigado, se acercó a él y le preguntó que por qué devolvía al océano las estrellas. —Por que si se quedan sin agua durante la marea baja, morirán. —Pero hombre —le replicó el escritor sonriendo—, no tiene sentido lo que haces, hay miles de estrellas en el Pacífico que se quedarán en seco y tú no las podrás socorrer a todas. — ¿Que no tiene sentido lo que hago? — Le contestó el joven— ¿que no tiene sentido?… ¿Por qué no le hace la misma pregunta a la estrella que acabo de salvar? … El escritor, se unió al joven; juntos, durante un buen rato, a salvar estrellas. (INTERMÓN)
En ocasiones no prestamos atención a los detalles que parecen insignificantes o no lógicos, simplemente juzgamos…